Sólo la lucha puede acabar con la precariedad laboral

Este verano se han producido numerosas huelgas que han expresado rasgos que probablemente caracterizarán la ofensiva de la clase obrera que se está gestando. Entre ellas cabe destacar las de Ryanair, Amazon y la huelga general en el sector del taxi.

Tripulantes de cabina y pilotos de Ryanair se coordinan a nivel internacional

Ryanair se apoya en una interpretación arbitraria de la legislación laboral irlandesa, que aplica cuando le conviene. El salario mínimo de Irlanda es de 1.614 euros mensuales, aunque Ryanair utiliza todo tipo de trucos para pagar salarios mucho menores. Gran parte de los tripulantes de cabina son contratados mediante las ETTs Crewlink y Workforce, propiedad de Ryanair, organizando un sistema de turnos destinado a pagar exclusivamente las 900 horas de vuelo que cada tripulante puede realizar como máximo anualmente. Los tiempos de descanso, cuando el avión no está volando, o los tiempos de “guardia”, donde el tripulante debe estar disponible para embarcar en cualquier momento, no son retribuidos.

En estas circunstancias, la huelga que los tripulantes de cabina de Ryanair de Portugal, Bélgica, Italia y el Estado español realizaron con éxito el 25 y 26 de julio, ha marcado un gran hito. Una huelga internacional, con las mismas reivindicaciones. Un paso extraordinario, no sólo para la plantilla de Ryanair, sino para todos los trabajadores de multinacionales que utilizan —con la complicidad de los dirigentes de los grandes sindicatos— las diferencias laborales de los países para dividirlos, enfrentarlos y acabar imponiendo condiciones cada vez peores.

En represalia Ryanair anunció el primer día de huelga el despido de 300 trabajadores en Irlanda, 100 pilotos y 200 tripulantes de cabina, tratando de amedrentar a su plantilla, pero le sirvió de poco. El 10 de agosto los pilotos de Ryanair de Bélgica, Suecia, Alemania, Holanda e Irlanda fueron a la huelga. Las espadas siguen en alto, y este mes de septiembre se prevén nuevas jornadas de huelgas.

Nueva huelga en Amazon

En Amazon, los trabajadores del centro logístico de San Fernando de Henares fueron de nuevo a la huelga los días 16, 17 y 18 de julio, coincidiendo con el Prime Day de Amazon, en el que la compañía realiza importantes rebajas. Sufrieron una brutal intervención policial, con varios heridos y detenidos.

Los trabajadores continúan luchando contra la decisión de la empresa de dar por finalizado el convenio colectivo propio y aplicar el convenio de logística de la Comunidad de Madrid, profundamente regresivo y que fue firmado mansamente por CCOO y UGT. Este cambio implica una rebaja salarial que llega al 20% en algunos conceptos y sustituye la actual clasificación de categorías profesionales con rebajas que afectan a casi el 40% de la plantilla.

A pesar de la firmeza de los trabajadores y del apoyo social recibido, no ha sido posible forzar la negociación. Una de las razones, la escasa participación en estas últimas jornadas de huelga de los trabajadores de ETTs, consecuencia del despido de todos aquellos que participaron en la anterior huelga el 21 y 22 de marzo. Tampoco ayudó que las otras cuatro grandes instalaciones de Amazon en el Estado español se mantuvieran al margen de la convocatoria, ni que, a pesar de las reuniones internacionales, los grandes sindicatos hayan obstaculizado la convocatoria de una verdadera huelga europea de Amazon.

Huelga indefinida del taxi contra las multinacionales Uber y Cabify

También hemos asistido a un levantamiento de los taxistas en su lucha contra el intento de las grandes multinacionales de precarizar completamente el sector. Se convocó una huelga indefinida que se extendió por todo el Estado, con los métodos de la clase trabajadora, la acción directa y la huelga, obligando al Gobierno a sentarse.

Uber y Cabify son multinacionales que no pagan impuestos o con sedes en paraísos fiscales y que aplican legislaciones laborales hechas a su medida, acumulando beneficios multimillonarios. Lo hacen contratando “falsos autónomos”, obligándoles a pagar su seguridad social, sin derechos laborales y con jornadas interminables, empujando así a todo el sector a la precariedad absoluta.

En torno a estas plataformas y a las licencias VTC* se está generando una enorme burbuja especulativa, como también ha ocurrido con las licencias del taxi durante años. Un sistema de licencias que hace que los trabajadores, como siempre, paguen los platos rotos, mientras un puñado se beneficia especulando. Los propios taxistas autónomos que han comprado su licencia a un precio desorbitado lo saben muy bien, incapaces de competir no sólo con Uber y Cabify, sino con las grandes empresas del taxi que también contratan “falsos autónomos” y pagan salarios de miseria por jornadas interminables.

La lucha contra la restricción de las licencias VTC puede frenar momentáneamente el avance de estas plataformas, pero la amenaza continuará. Así se percibe respecto al acuerdo alcanzado para que se respete la ratio 1 VTC por cada 30 taxis. El propio Ministerio de Fomento reconoce ya una ratio media en el conjunto del Estado de 1 VTC por cada 9 taxis. Es necesario plantearse cómo frenar de forma unificada dicho proceso de precarización, consecuencia entre otras cosas del propio sistema de licencias.

¡Por un servicio de taxi público con condiciones salariales y laborales dignas!

Mientras existan condiciones de miseria para los conductores VTC, los taxistas estarán amenazados, y de ahí la importancia de incorporarles a la lucha, exigiendo que sean reconocidos como trabajadores, con cotizaciones, salarios y condiciones dignas. Pero también es necesario mejorar las condiciones actuales de los taxistas, tanto de los asalariados como de esos autónomos que se desloman día a día para llegar a fin de mes. Es necesario establecer un marco laboral unitario, con derechos iguales para asalariados y aquellos que trabajan como verdaderos autónomos, estableciéndose un salario mínimo digno para todo el sector y una jornada semanal de 40 horas que progresivamente se reduzca a 35. Otro paso sería constituir una empresa pública a la que puedan adscribirse trabajadores del sector, que garantice esas condiciones, financiándose con un impuesto especial sobre Uber y Cabify y las grandes empresas del taxi.

* Licencias para realizar actividades de transporte con conductor (limusinas o coches oficiales), que con la entrada de Uber y Cabify se han generalizado. Son diferentes a las necesarias para ejercer de taxista.