En el fin de semana del 18 y 19 de febrero hemos asistido a un extraordinario hito de la movilización social en el Estado español. Cientos de miles de personas, probablemente más de medio millón, se manifestaron en Barcelona el sábado 18 exigiendo al gobierno español y a la Unión Europea un giro en sus reaccionarias y xenófobas políticas de cierre de fronteras.

El domingo 19 fue la ciudad de Cádiz la que se manifestó masivamente en defensa de la sanidad pública, continuando las movilizaciones de la Marea Blanca que se iniciaron en Granada y que en enero se extendieron a Málaga, Huelva y Sevilla. Esta imponente ola de movilizaciones ya consiguió su primera victoria precisamente en Granada, haciendo retroceder a la Junta de Andalucía en su intento de recortar los servicios ofrecidos por los dos hospitales públicos de la ciudad y forzando la dimisión de algunos de los cargos públicos que orquestaron ese fallido intento de recorte.

El éxito de la movilización social no se ha limitado a la victoria de Granada. La lucha de los últimos años de la comunidad educativa que culminaron en octubre y noviembre con las movilizaciones estudiantiles convocadas por el Sindicato de Estudiantes ha conseguido echar abajo el intento del gobierno del PP de resucitar las reválidas franquistas y expulsar a miles de hijos e hijas de familias trabajadoras de la enseñanza pública. Esta victoria ha sido un poderoso estímulo para la convocatoria de la huelga general de la comunidad educativa que se realizará el próximo 9 de marzo con el objetivo de echar abajo definitivamente la nefasta LOMCE.

A esto debemos añadir que los estibadores de todos los puertos del estado se están preparando para lo que, todo parece indicar, será una lucha dura para mantener las conquistas que tanto les costó conseguir y mantener.

La política de los dirigentes de CCOO y UGT y sus consecuencias

Una vez más es la prueba de la práctica la que demuestra que solo con la lucha se pueden frenar los ataques del gobierno y conseguir avances.

La política aplicada por las direcciones de CCOO y UGT durante todos estos años ha sido totalmente contraria a esta línea. Ha sido la de tomar como premisa la prioridad absoluta del “acuerdo social” y una falta de respuesta efectiva a los ataques continuados de la Patronal y de los gobiernos del PSOE y PP, facilitándolos en la práctica.

Pero las consecuencias de esta política son todavía más amplias. Esta política sindical ha convencido a la patronal y al gobierno que las cúpulas sindicales no son realmente ningún obstáculo para seguir profundizando en sus políticas de recortes. Esto lo han dejado meridianamente claro en la última ronda de negociaciones abierta en el marco del llamado diálogo social. Los dirigentes de CCOO y de UGT han sido humillados y todas sus propuestas han ido a parar directamente a la papelera.

Es en este contexto en el que los “grandes sindicatos” han planteado lo que los dirigentes han llamado ciclo de movilizaciones.

Las direcciones de CC.OO. y UGT anunciaron que vuelven a las calles y convocaron manifestaciones en 40 ciudades el domingo 19 de febrero.

¡Qué tremendo contraste! Frente a los cientos de miles de personas que dan una respuesta combativa al inhumano tratamiento infligido a los refugiados, o que defienden con energía el sistema público de salud, los dirigentes de CC.OO. y UGT, consiguen manifestaciones donde la más numerosa es la de Madrid con apenas 4000 asistentes, en las que además se reflejaron de forma patente la total carencia de empuje, estando dominadas en todo momento por el escepticismo y la incredulidad de los propios manifestantes, que no se molestaban en disimular su frustración ante lo que muchos consideran como un intento de “lavado de cara” de los dirigentes frente a unas bases que observan como sus condiciones laborales siguen deteriorándose ante la indiferencia de las cúpulas sindicales.

De este fracaso en la movilización no puede culparse – como se ha hecho otras veces - a la pasividad de los trabajadores. Decenas de miles de afiliados y afiliadas de CC.OO. han participado en la manifestación de Barcelona y en las manifestaciones de la Marea Blanca. Miles de profesores y profesoras afiliados a CC.OO. han mostrado su simpatía y dado su apoyo a las movilizaciones del Sindicato de Estudiantes. Junto a otros cientos de miles de trabajadores y trabajadoras han demostrado hasta la saciedad que están más que dispuestos a salir a la calle si perciben que los motivos de la movilización lo merecen y si constatan que la lucha se organiza de forma seria y consecuente para conseguir los objetivos proclamados.

Pero cuando se llama a la “movilización”, prácticamente a toque de corneta, sin preparación, sin asambleas, sin dar la más mínima muestra de que realmente se da un giro radical y se renuncia a la política de paz social, desde una cúpula sindical que se caracteriza por su amplio historial de renuncia a la lucha, de concesiones sin fin a la patronal y a los gobiernos, estas manifestaciones son vistas por la mayoría de los trabajadores, en el mejor de los casos, como un acto simbólico.

Estos son los elementos que explican la falta de respuesta a estos llamamientos de los dirigentes de CCOO y UGT. El descrédito de las cúpulas sindicales, su falta de credibilidad, es lo que está detrás del hundimiento de la capacidad de convocatoria de CCOO y UGT.

El requisito para que una movilización convocada por ellos tenga éxito pasa inevitablemente por el definitivo abandono de las políticas de paz social que tanto daño nos han causado y por volver a la política sindical combativa que caracterizó a las Comisiones Obreras de sus primeros tiempos. Lamentablemente todo indica que hasta ahí no están dispuestos a llegar. Una muestra clara de esto que decimos es la oleada de expulsiones y sanciones que han punteado el proceso precongresual. Los actuales dirigentes de CCOO no vacilan en destruir secciones sindicales enteras, debilitando así nuestras fuerzas, con tal de imponer su política de pacto social, una política que, como los hechos rotundamente demuestran, solo ha servido a los intereses de los empresarios.

La movilización general de los trabajadores es hoy más necesaria que nunca y las victorias obtenidas en las movilizaciones de las Mareas Blanca y Verde demuestran que se puede triunfar. El principal obstáculo que se interpone en el camino de la movilización son las propias direcciones sindicales y sus políticas de paz social. Para muchos trabajadores, las direcciones sindicales son parte del problema. Esta apreciación se la han ganado a pulso con la política aplicada durante mucho tiempo, pero en especial durante estos años en los que nuestras condiciones de vida y de trabajo se han hundido. Los trabajadores y trabajadoras sabremos volver por nosotros mismos al camino de una política sindical combativa como la que la presente situación con urgencia está demandando.
La política de los dirigentes de CCOO y UGT, tiene fecha de caducidad. La contradicción entre las necesidades reales de los trabajadores y la política impulsada por las cúpulas sindicales, está llegando al límite.

En 2011 vivimos una situación parecida, Toxo y Méndez apostándolo todo a la estrategia de aceptar recortes con el argumento de que si no se pactaban los retrocesos el gobierno y la patronal impondrían medidas todavía más duras. El resultado de esta política en nuestras condiciones de vida y para nuestros derechos es de todos conocido.

Pero también fue la llama que hizo explotar el movimiento de lucha social más amplio y profundo desde la llamada transición. Las estructuras sindicales se vieron totalmente superadas, el freno de la política desmovilizadora impulsada por los dirigentes sindicales saltó por los aires y las calles se llenaron de trabajadores, jóvenes, mujeres y hombres luchando por sus derechos, con miles de sindicalistas de base de CCOO y de otros sindicatos, en primera línea.

Desde GanemosCCOO consideramos que organizando esta fuerza tanto dentro de los sindicatos, como fuera, no hay burocracia sindical que pueda hacerle frente.

Redoblemos los esfuerzos por recuperar el sindicalismo combativo, democrático, de clase y asambleario, que es el que hoy necesitamos los trabajadores.


III Encuentro Estatal


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