El martes 23 de mayo pudimos ver un nuevo choque entre los trabajadores y su comité de empresa, en este caso en la factoría de Navantia en San Fernando. En el contexto de una asamblea-paro que se celebraba también en otras factorías, el comité de empresa isleño perdió el control de la asamblea general; de hecho, la asamblea prevista de una hora duró unas dos.

Al comienzo de la asamblea, al presidente del comité se le ocurrió hacer un brindis al sol y comentó que igual para futuras ocasiones había que pensar en hacer una culebra (recorrido de los trabajadores que secundan un paro por los centros trabajo de la factoría para “estimular” a los trabajadores que no lo están secundando a participar en el mismo). La reacción de los trabajadores fue decir que no había que esperar a futuras asambleas, que había que hacer la culebra ya. Así que hubo culebra. El comité intentó limitarla al departamento de Sistemas, pero la gente reclamó que se recorriera toda la factoría, incluida Carenas (reparaciones).

Una vez rematada la culebra, comenzó la asamblea general. La única propuesta del comité fue hacer una manifestación a principios de junio. Pero un trabajador salió a proponer la supresión total de las prolongaciones de jornada y el retorno a la factoría de los desplazados en otros centros de la bahía de Cádiz. El comité se opuso, así que hubo votación. O mejor dicho, hubo tres votaciones. Primero se votó entre la propuesta del comité y la del compañero, pero esto era incorrecto porque el compañero no se oponía a la manifestación. Se repitió la votación, pero la cosa seguía confusa. Finalmente el comité presentó la votación de forma clara y pidió votos a favor y votos en contra (mejor dicho, pidió primero los votos en contra). La maniobra no le sirvió de nada y el comité fue derrotado por amplia mayoría.

Al día siguiente la UGT emitió un comunicado bastante patético hablando sobre “una serie de incidentes” en la asamblea general y acusando a CCOO de estar detrás del trabajador que salió a hacer la propuesta alternativa. En San Fernando el comité sólo tiene una voz en la asamblea general, y CCOO y SAT se habían quedado en minoría frente a UGT, CAT y CSIF. UGT dice que CCOO recurrió a esa maniobra para llevar su propuesta a la asamblea.

Independientemente de esto, lo que no es normal es que en la asamblea no se debatan las diferentes propuestas que haya, porque puede ocurrir que las propuestas minoritarias en un pleno del comité (o en una asamblea de una sección sindical) representen mejor el sentir de los trabajadores que las propuestas mayoritarias, como demuestra esta asamblea general de San Fernando.

Pero lo más relevante (y repugnante) de ese comunicado es su intento de crear divisiones localistas, hablando de que compañeros de otros centros puedan actuar contra los trabajadores de San Fernando. Este juego de dividir a los trabajadores de los distintos centros (o en el mismo centro entre principal y compañías) responde a una concepción sindical burocrática que cree que lo mejor es ganarse el favor de la empresa, ser sus trabajadores “favoritos” a costa de otros, con la esperanza vana de que los palos le caigan al prójimo. En todas las factorías (también en Ferrol) hemos oído en ocasiones esos discursos localistas, usados por dirigentes para justificar su falta de ganas de luchar con la supuesta desmovilización del resto de las factorías, desmovilización que después la realidad demuestra que no es tal. Esta política divisionista a las puertas de un plan de empresa es criminal: dividir a los trabajadores es lo peor de lo peor porque nuestra fuerza sólo viene de la unidad y de la lucha.

Todo esto es muy sintomático y puede ser de gran importancia de cara al plan porque, como pasó en Navantia-Ferrol durante el IV Convenio, se demuestra que los trabajadores están mil veces a la izquierda de los dirigentes sindicales oficiales, se demuestra que la desmovilización no responde al sentir de las bases, sino al sentir de unos dirigentes que se convierten en un obstáculo para la lucha.

Los resultados de las primarias del PSOE hicieron aterrizar bruscamente en la realidad a un aparato poderosísimo que, viviendo como vive en su burbuja, no se entera (o no se quiere enterar) de qué sienten y piensan las bases socialistas. Esto también sucede en el terreno sindical: la clase obrera está sufriendo un empobrecimiento generalizado, pero los dirigentes de nuestros sindicatos lo único que hacen es contribuir a mantener la paz social, hacerse fotos con el PP y pastelear recortes en los derechos de los trabajadores. Es cuestión de tiempo que tengan un aterrizaje en la realidad tan brusco como el que tuvieron los felipistas en las recientes primarias socialistas.


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